La inteligencia artificial ya empezó a escribir nuestros recuerdos
Antes las fotografías servían para recordar momentos.
Ahora muchas veces parecen existir para demostrar que estuvimos ahí.
Comidas frías esperando una foto.
Viajes vistos a través de una pantalla.
Conciertos grabados por miles de personas que probablemente nunca vuelvan a mirar esos videos.
Y mientras tanto, la inteligencia artificial empezó a hacer algo todavía más extraño:
fabricar recuerdos que nunca ocurrieron.
Fotos falsas de infancia.
Personas inexistentes con rostros familiares.
Voces clonadas.
Escenas generadas que producen nostalgia inmediata aunque pertenezcan a ningún lugar real.
La memoria empezó a mezclarse con la simulación.
Tal vez por eso algunas imágenes generadas por IA resultan inquietantes:
no parecen mentiras.
Parecen recuerdos borrosos.
Internet siempre tuvo algo de archivo colectivo.
Pero ahora también empieza a funcionar como fábrica de memorias sintéticas.
Y quizás el problema no sea distinguir lo real de lo falso.
Quizás el problema sea que emocionalmente ya no importa demasiado.
Porque una imagen no necesita ser verdadera para producir nostalgia.
Solo necesita parecer posible.

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