El "Color" de McKinsey y el Legado Oculto de Doña Mary - Mujeres en el Balcón


¡Ay, no, no, no! Agarrate de la baranda del balcón porque lo que te voy a contar no tiene desperdicio. Traete el termo, sentate acá al fresco y escuchá este chisme porque es de esos que te hacen quedar con la boca abierta. ¡El puterío corporativo del siglo, mi amor!

​¿Viste los de McKinsey, esos muchachos divinos que andan siempre de trajecito azul oscuro que parece que no rompen un plato, impecables, con un olor a perfume importado que te voltea? Bueno, resulta que los tipos se hicieron archimillonarios vendiendo espejitos de colores. ¡O sea, son unos caraduras totales!

​Vení, acercate más que de balcón a balcón hay ruido por los colectivos.

​Resulta que a finales de los 70, estos pibes se estaban mandando una caaa... rga tras otra. Le cobraban fortunas a las empresas petroleras, a los bancos, a medio mundo, por unos informes que eran puro bla, bla, bla. "La estrategia, la estructura...", decían los muy finos. Pero las empresas se les fundían igual en la cara. ¡Un papelón! Estaban desesperados porque se les cortaba el curro. Entonces, ¿qué hicieron? Mandaron a dos chetos de la firma, Tom y Robert, a ver qué hacían las empresas que sí ganaban guita de verdad.

​Y acá viene el chisme jugoso, la viuda negra de esta historia: ¡Le afanaron todo el decorado a una mu-jer! Sí, como te lo cuento.

​Cincuenta años antes, por la década del 20, había una señora que se llamaba Mary Parker Follett. Imaginatela: pollera larga hasta los tobillos, rodete tirante, anteojitos, cara de seria pero con un cerebro que volaba. La mina iba a las fábricas, se metía entre el barro, el cemento y las chispas de los soldadores, y les decía a los dueños: "Che, dejen de romper las tarlipes con el látigo. Escuchen a los muchachos que están metidos en la fosa, que son los que saben. Cuiden a la gente, armen comunidad, que el jefe que grita es un inseguro".

​Pero claro, mi amor... ¡en 1920 mandaban los machos del acero y el ferrocarril! ¿Le iban a hacer caso a una mujer? ¡Ni de casualidad! La ningunearon de una manera espantosa. Cuando la pobre Mary se murió, agarraron todos sus cuadernos, los metieron en el fondo de un cajón y se hicieron los sotas. "Cosas de vieja", habrán dicho los ordinarios esos.

​¿Y qué hicieron estos "tíos" tuyos de McKinsey en los 80 cuando las papas quemaban? ¡Fueron a saquearle la tumba a la pobre Mary! Agarraron los apuntes de la vieja, les pasaron un plumero y dijeron: "Che, esto está buenísimo, pero si lo vendemos como 'el amor al prójimo en el taller' no nos pagan un peso". Entonces lo tradujeron al inglés para que suene paquete.

​Donde Mary decía "la mística del equipo", ellos le clavaron Shared Values. Donde la vieja decía "las mañas de los muchachos", ellos metieron Skills. Armaron un dibujito en forma de estrella, dijeron que lo habían inventado ellos en un hotel cinco estrellas de San Francisco y ¡pum!, salieron a facturar de a millones. ¡Unos chorros con título universitario!

​Pero escuchá el remate porque el karma es una cosa hermosa. ¿Sabés qué está pasando ahora? Los pibes jóvenes entran a laburar a las empresas y a los dos meses les tiran el escritorio por la cabeza si el jefe los trata mal. McKinsey ya no sabe qué inventar con sus planillitas de Excel porque no les camina ningún negocio. ¿Y sabés qué están haciendo los directores ahora en las oficinas de Retiro? ¡Están borrando el nombre de McKinsey de los PowerPoints y están poniendo el nombre de Mary Parker Follett! ¡Están yendo de rodillas a pedirle perdón a la vieja! Cincuenta años robándole los apuntes y ahora tienen que confesar que la mina les pasó el trapo.

​Tus tíos de McKinsey se habrán quedado con las cuentas en Suiza y los gemelos de oro, sí... pero son unos secos de alma. Jamás en su vida van a saber lo que es la felicidad de terminar una obra, tener las manos sucias de grasa, subirse a la caja de la F-100 con la patronal y los compañeros a clavarse un asado al mediodía con un tinto de caja.

​Ellos se quedaron con el chusmerío de pasillo y los billetes... ¡pero la mística y la gloria se la quedaron Doña Mary y tu viejo!

​¿Qué me decís? ¡Tremendo! Andá a cambiar la yerba que se nos enfrió el agua y te sigo contando lo que me enteré de la planta de Olavarría...

O te lo digo de una..donde trabajaba tu viejo era MacKinlay.


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