Los años 80 y 90 fueron la mejor época de toda la historia del ser humano, y cada día que pasa lo tengo más claro.

No había redes sociales, no había filtros. La gente se miraba a los ojos, se daba la mano, se daba dos besos, se reía de verdad.
Los niños jugaban y se criaban en la calle. Los vecinos se conocían, se ayudaban. Los abuelos no estaban en residencias, estaban en la mesa junto a toda su familia. Había respeto, comunidad y valores que hoy prácticamente nadie recuerda.
Con el sueldo de un padre una familia entera salía adelante: casa, coche, vacaciones, cuatro hijos. Hoy necesitas dos sueldos, una hipoteca imposible y aun así no llegas a final de mes. En los 80 un piso costaba de tres a cinco años de salario; hoy cuestan 20 o 30, si no más. Y es que el mundo avanzó, pero no avanzó para todos.
El cine era un acontecimiento, la discoteca un ritual. La música no solo era ritmo y letra, tenía alma: Mecano, Michael Jackson, Nirvana, Los del Río. Series como Verano Azul, Farmacia de Guardia, Friends, El Equipo A... La televisión en aquella época tenía algo mágico, era un acto social. Las familias se sentaban juntas a ver el mismo programa en el mismo sofá. No existían cuatro o cinco pantallas en una casa, existía solo una y reunía a todo el mundo.
Nadie miraba el móvil porque el móvil no existía y, paradójicamente, todo era muchísimo más interesante. Hoy lo tenemos todo; tenemos internet, inteligencia artificial, todo a solo un clic, y sin embargo hay más depresión, más soledad, más odio y más división que nunca. Más tecnología, menos humanidad. Eso lo dice todo.
Los que vivimos aquella época somos unos privilegiados, y cada día lo siento más. Y no es nostalgia, es evidencia: el mundo era mejor, las personas éramos mejores. Y si tú también lo viviste, sabes exactamente de lo que te hablo. Cuento...

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