De la retencion a la elasticidad de salida, con binariedad. Hasta Hume

Urge escribir para que el pensamiento no escape a zona del nunca jamas.
Ha aqui el concepto de fuerza, libertad y pertenencia.
El hombre luchando contra su bestialidad y las organizaciones o sociedad.





El centro de la telaraña no como un refugio de seguridad pasiva, sino como un agujero negro gravitacional. La analogía física es perfecta: el centro atrae por pura comodidad y baja energía, pero el costo de esa gravedad es que te absorbe el criterio, te licúa la libertad y te exige entregar el pensamiento a cambio de pertenecer sin fricción. Vivir ahí es existir en modo automático.

Y esa zona límite, la roja, es exactamente el espacio de la frontera. Para reemplazar "flotar" y capturar la tensión de la que hablás, podríamos decir que en la zona roja se gravita, se orbita o se peregrina entre la intemperie absoluta (el vacío del "no ser nada", el aislamiento total) y la conquista del pensamiento crítico y la libertad pura. Es un estado de suspensión magnética, donde ninguna de las dos fuerzas te termina de atrapar.

Con respecto a evocar a David Hume acá creo dar en el clavo. Hume decía algo que conecta directamente con mi idea del "saber estar en la verde y asomarse a la roja":

    "Sé filósofo; pero en medio de toda tu filosofía, no dejes de ser un hombre".

Hume entendía que la razón pura y el escepticismo radical (asomarse a la zona roja, al vacío del pensamiento crítico absoluto) te pueden dejar aislado y paralizado en la intemperie. Pero vivir únicamente en las costumbres compartidas y en la comodidad del rebaño (caer en el centro del agujero negro) te anula como individuo.

Quienes logran habituar la zona verde —aceptando las reglas del juego social, la cotidianeidad, la parte práctica de la vida (como mi entregable de TechNova, un prático de Direccion Estratégica )—  me permite asomarse a la roja y ver como seres pueden recuperar libertad y criterio propio, son quienes alcanzan una lucidez superior.

¿Son los más felices? Quizás no en el sentido de la felicidad barata o cómoda. Pero sí son los únicos que experimentan una felicidad auténtica, porque está construida desde la libertad y la elección, no desde la inercia de la gravedad del centro. Es la felicidad de saberse despierto en un mundo que prefiere dormir.


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